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Según cifras oficiales existe alto potencial productivo en la actividad ganadera de Nicaragua, en la que participan más de 90,000 productores (15% mujeres) con tecnología tradicional. La mayoría de las(os) pequeñas(os) productoras(es) de leche son pobres, por lo cual, la agregación de valor mediante el procesamiento de queso es la mejor alternativa para vender su producción a precios que les permitan elevar sus ingresos y salir de la pobreza.
Algunas(os) productoras(es) elaboran queso, sin embargo, su comercialización exige el cumplimiento de normas de higiene, mercadeo, trámites, etc., todo lo cual se relaciona estrechamente con la disponibilidad de servicios de desarrollo empresarial. La baja productividad y la calidad de la producción de leche en finca como materia prima, así con el insuficiente volumen y calidad de queso, son dos problemas que cruciales que reducen la rentabilidad de los productores. Los mercados funcionarán para los pobres, si estos satisfacen la demanda con una oferta de queso de alta calidad, para lo cual se requiere el desarrollo de sus capacidades, sin embargo, hacen falta servicios de capacitación y asistencia técnica en las áreas rurales. Un problema crucial es el bajo consumo de lácteos de los nicaragüenses. Por otra parte, las mujeres vinculadas a la producción de leche en finca, sufren alta subordinación, baja participación en los beneficios que genera la cadena y hay ausencia de enfoque de género en los servicios, que promuevan una participación más equitativa de las mujeres.
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Nueva Guinea, municipio clasificado en pobreza extrema, es el principal productor de raíces y tubérculos de Nicaragua. Según el Ministerio Agropecuario y Forestal, en 2008 el municipio concentró 70% del área cultivada del país, equivalente a 12 mil manzanas aproximadamente, cultivados por alrededor de 4,500 pequeños productores, con un promedio de siembra de 2.5 a 3 mz. En la cadena participan pequeñas(os) productoras(es), acopiadoras(es), procesadoras y exportadores. De la producción total, 70% se destina al mercado internacional y 30% es consumida en el mercado interno.
La producción de raíces y tubérculos presenta baja productividad y calidad, inestabilidad de oferta durante todo el año y baja diversificación de productos, problemas que se originan en la falta de conocimientos y adopción de Buenas Prácticas Agrícolas, lo cual provoca bajos ingresos y deterioro del medio ambiente. Las(os) pequeñas(os) productoras(es) de quequisque, con limitados conocimientos de manejo de la plaga de “mal seco”, deforestan para sembrar en suelos no contaminados en áreas alejadas de la frontera agrícola y perjudican el medio ambiente. A todo esto se suma el mal manejo de post cosecha que deteriora la calidad del producto, encarece el costo de transporte local y reduce los ingresos de las familias de las(os) productoras(es). Las plantas procesadoras operan en condiciones precarias, no han adoptado Buenas Prácticas de Manufactura y aunque generan empleo especialmente para mujeres, las condiciones laborales son deficientes.
Hay falta de equidad y visibilidad de la mujer, quien a pesar de su participación en todos los eslabones de la cadena, es excluida como beneficiaria de los servicios de apoyo a la producción, de los procesos de toma de decisiones y de la captación de los beneficios que genera la cadena. Así mismo, existe un desconocimiento total de las leyes y normativas ambientales nacionales y de las ordenanzas ambientales municipales.
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